No por el hecho de que yo haya sido infante, sino porque los diseños tenían su personalidad. Hoy día cuando converso con alguien de automovilismo (aunque siga siendo un fanático), suelo colocar como argumento que, en la actualidad, los Fórmula Uno son todos iguales. Si los pintamos a todos de blanco, después que alguien me diga cual es cual.
Hay muchos que fueron determinantes y, a riesgo de ser injusto, quiero hablar sobre tres Sport Prototipos que tuvieron aun alguna faceta en especial.
Este que menciono hoy también lo cité aquí, y fue mi primer amor.

El Matra Simca 650 era un producto de la época dorada de esta categoría, tuvo sus versiones de cola corta y larga (típica versión para correr en Le Mans) y también provocaba el deleite de los hinchas con algo de lo que me han hablado, pero que lamentablemente no disfruté. Su sonido.
Los motores de aquella época tenían un ronquido característico, en tanto que los Matra producían un sonido parejo y agudo. Me lo han descripto como un violín.
La foto corresponde a las 24 Horas de Le Mans de 1970 y quien lo conduce es el malogrado François Cevert.
El color azul es el que, de acuerdo con los códigos automovilisticos que se han manejado por años corresponde a los autos franceses. En otro momento voy a ser más extenso sobre el particular.
Y (mambo particular) recuerdo que cuando, siendo un pibe, veía en la revista Corsa fotos de esta máquina, el detalle que me causaba mayor agrado eran las ópticas y la boca de entrada de aire, como si fuesen los ojos y los labios del Matra.
Con respecto a esto último, en francés la palabra “auto” lleva artículo femenino. Ellos siempre dijeron que el auto es como una mujer, puede brindarle al hombre sensaciones perfectas e insospechadas. Y también dejarlo tirado en el momento menos pensado.
Saludos a todos
















