Así nomás me lo dijo.
Lo escuché con cierta perplejidad. Estaba armando alguna carpeta para irme a tomar el colectivo, tenía los dedos manchados de tinta, no me afeitaba hacía mas de cuatro días y las ojeras por la falta de sueño ya se habían institucionalizado en mi rostro. Le respondí casi automáticamente
- Estás totalmente en pedo.
Lejos estaba yo en ese momento, arribando al final de mi carrera universitaria, de pensar que algún día iba a extrañar a la facultad.
Puedo hablar de mi época, no sé como será el tema ahora en la Ciudad Universitaria, pero el anotarse para cursar, la inscripción en las distintas cátedras, todo significaba tiempo (y mucho).
En los primeros días de la carrera era increíble ver la cantidad que éramos, comenzando esa carrera que habíamos deseado. Recuerdo que en la primer clase de Dibujo, los docentes recorrían las mesas, nos iban señalando a algunos (entre ellos a mi) y nos hacían una pregunta condimentándola con un poquito de sorna
- ¿Sos Maestro Mayor de Obras?
Y los turros no erraban nunca. Pero no se daban cuenta por nuestras virtudes en el dibujo, sino porque casi todos los MMO usábamos el mismo lápiz mecánico Pilot 0,5.
Tuve que reaprender a dibujar, a mancharme los dedos con grafitos, acuarelas y pasteles. A sentarme en una plaza a hacer croquis del lugar y de la gente. El croquis es fundamental en la labor arquitectónica. Desarrolla la escala, la perspectiva y la distancia.
Hubo que aprender labores menos artísticas, pero igualmente complicadas, como viajar con la carpeta, el tubo portaplanos (y en ocasiones alguna maqueta de estudio) en el 160 ó en el 33.
Las materias "filtro" eran conocidas. Matemática II era el gran verdugo de la carrera, luego casi a fin de la cursada (nadie se explica el por qué ahí y no al principio) Legislatura de la Construcción era vista poco menos que como un tribunal inquisidor para nosotros.
Desde el inicio de la carrera uno notaba algo, yo al trabajar en una revista de arquitectura ya lo había percibido, pero ya en la facu lo tenía a la vista, y era lo siguiente. Los arquitectos escriben todos igual. Las indicaciones en los pizarrones de los distintos talleres parecían escritas por la misma mano ¿y qué hacíamos nosotros? imitarla, por supuesto. Era "nuestra" letra. Es la letra que tengo hoy.
Comenzaron las labores en equipo, y aquí empieza la facu que se extraña. El armar los grupos para desarrollar algún proyecto, el trabajar en conjunto, buscar un lugar para llevar los tableros durante las entregas y encerrarse, escuchar una y otra vez nuestra música (primero ponernos de acuerdo sobre cual oiríamos) hartarnos de comer siempre pizza o empanadas.
Luego el momento de corregir en el taller con las clásicas enchinchadas, indudablemente se llamarían así desde tiempos inmemoriales porque en todos los años de mi carrera jamás clavé ni una chinche. Los conceptos del profesor, el ver los proyectos de los otros grupos y comparar distintas soluciones para la misma problemática.
Y en oportunidades la locura llegaba a extremos hermosos (esa es la palabra justa) Una noche mientras preparábamos la entrega final de Diseño V (último nivel de diseño en la carrera), habíamos juntado los tableros en un departamento de un ambiente en José Bonifacio al 300 (Caballito). Para ese momento todas las paredes estaban con planos y dibujos varios pegados, con distintas variantes de diferentes sectores del proyecto. En el grupo éramos cuatro varones y una mujer. Esa noche la piba no estaba y nosotros mientras dibujábamos y escuchábamos radio armamos una pelota con restos de papel calco.
A eso de las dos de la mañana, en ese departamento (que estaba en un segundo piso) nos pusimos a jugar un partido, corrimos, gritamos, nos cagamos de risa (hubo algunas patadas también) y luego, transpirados, molidos, volvimos a los tableros de dibujo... suena a locura. Si lo fue, también la disfruté.
Terminaron los trabajos prácticos de las distintas materias. Yo cometí el error de adeudar algunos finales y dejarlos "para después". Pero como cuando se deja de ir a la facu también se pierde el ritmo de estudio, tardé bastante en darlos. Finalmente al ir a dar el último de todos (Construcciones III), terminé la parte escrita y esperé me llamaran para el oral. No comenté a la docente que era el último que daba, por las dudas. Empezó el oral y fui respondiendo las preguntas, hasta que en un momento la docente me dice Ok, ya estamos. Y ese fue el click entre ser un estudiante y ya haberme recibido. Sonreí y la miré.
- Usted es arquitecta? le pregunté
- Si. me respondió
A lo cual extendí mi diestra y le dije Deme la mano, colega
Luego, ya con la nota en mi libreta estaba en el patio principal, tomandome un café y observando a un chico que hacía croquis... indudablemente estaba en el primer o segundo año de la carrera. Lo miré y pensé cuanto te falta, hermano...
Pero al salir uno tiene la conciencia de algo diferente. La cadena de conocimiento pasa por ahí adentro, afuera dependemos de nosotros mismos para fortalecer lo que sabemos.

Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo
Universidad de Buenos Aires
Pabellón III - Ciudad Universitaria
Era cierto nomás. Te extraño