Este no es un blog que se destaque por los análisis políticos, de hecho, si pretendiera hacer uno, pobre sería el resultado.
Cuando la democracia retornó a nuestro país en 1983, yo tenía 16 años. Recuerdo que solía jorobar a mi viejo para que me llevase a ver sesiones de diputados o senadores. Quería ver cómo, funcionaba todo ese maravilloso andamiaje que haría retornar a nuestra patria a la senda de la paz y la justicia y marcaría los destinos que, de allí en adelante, solo se centrarían en garantizar el bien común de todos los argentinos. Reitero, tenía 16.
Hoy, a los 41, desde el punto de vista político no le creo absolutamente nada a absolutamente nadie. Y han sido los mismos políticos quienes se encargaron de convencerme de que así sea.
He votado desde 1985. Mi primer voto fue para diputados porteños, por la UCR y su lista 3, que si mal no recuerdo, encabezaba Marcelo Stubrin. De allí en mas hubo de todo un poco. Pero mis votos estuvieron dominados por algo que, finalmente, me terminó dando bastante bronca por la no concordancia con lo que pudiera pensar en ese momento, y era el voto por el mal menor.
Me harté de votar por A solo para que no gane B.
Alguna vez comentaba en una charla entre amigos, que si el voto fuera optativo como en otros países, a mi no me ven mas. Salvo que alguien en especial o un proyecto en particular, motive que concurra a votar.
Aunque siempre hay un pero (por pequeño que fuera) y lo de anoche podría interpretarlo como uno de esos pequeños peros, que motivan a pensar en que tal vez haya alguna esperanza.
Estaba en mi casa, cabrero, porque canal 7 tenía una emisión especial por la votación en el senado y por consiguiente había suspendido el programa de Pigna. Lo vi un rato hasta que me dormí. Honestamente no me interesaba, no porque no fuese importante el tema, sino porque estaba seguro que la Banelco, las servilletas y todo lo que forma parte del folklore legislativo estaban en su cumbre de rendimiento.
Y, también, era un proyecto que no iba a ser rechazado. En este país los proyectos del ejecutivo no pierden.
Hoy por la mañana, al enterarme que Cobos votó en contra y mandó la 125 al freezer, sentí un poco de aire fresco y no por estar en Tierra del Fuego. Estoy seguro, completamente seguro, que de uno y otro lado hubieron manejos, tranzas, chicanas, de todo un poco.
Ojalá que el Poder Ejecutivo pueda aprender alguna que otra lección de esta derrota.
1) Que el estar en desacuerdo con sus posturas no significa ser un golpista, sino pensar distinto y nada mas.
2) Que no hace falta hacer actos y mas actos, llenar plazas, transformar una ciudad en un despelote por donde no se puede circular.
3) Que el discurso del Ejecutivo no tiene que ser el de la confrontación ni el de los gritos, no hace falta.
4) Que la gente no es estúpida, tiene total conciencia de la utilización de brazos armados y no le resulta agradable. Lástima que no se dieron cuenta antes, ahora quedaron como medio pegaditos a D'Elía...
5) Que la democracia no está en peligro. No rompan mas con ese cantito.
6) Que el voto por disciplina partidaria es algo que no entra en la cabeza de un ser pensante. Eso es decirle a un legislador vos estás acá gracias al partido. Cuando en realidad está en su banca porque lo votó la gente.
7) Que hoy mucha gente está contenta porque el Ejecutivo resultó derrotado en una votación. Básicamente porque el mensaje impuesto era esto es así porque es así.
Y, por último, una para nosotros. Espero que podamos aprender la lección que estamos viviendo en estos momentos y que todavía vamos a vivir. Que aparezca una figura que no se prende en debates, que el ser pareja del Presidente "garantiza" que su gestión de gobierno será una continuidad de la anterior, que prácticamente no hace una campaña como los demás candidatos ni formula propuestas porque corre con el caballo del comisario, y que encima gane. Pues nos la merecemos.